Identidad cultural y globalización

¿Cómo se enfrentan las identidades culturales diversas a los procesos de homogeneización fruto de la globalización? Desarrollo y codesarrollo como estrategia geopolítica frente a los ciclos de flujo migratorio.

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La diversidad está en peligro de extinción. Como si de un animal se tratase, la diversidad cultural se encuentra en un momento histórico donde ha de ser protegida. Ha de ser salvaguardada en tanto que, el biopoder en el sentido de Foucault (2002) donde los estados modernos explotan numerosas y diversas técnicas para subyugar los cuerpos y controlar a la población, está a la orden del día.

Estas relaciones de dominación y subordinación que genera la biopolítica, implanta unas dinámicas a lo largo del planeta tierra cuyo objetivo final es, establecer un modelo económico capitalista que tiende a la homogenización de la población mundial en todos sus aspectos.

La perversión del asunto está en la obsesión de “arrasar” con todos aquellos pueblos que no están insertos dentro del sistema capitalista, para instaurarlo a sangre y fuego, aún sabiendo que se trata de un sistema que falla, que es caduco y que genera desigualdades donde quizás antes no existían o no eran tan acentuadas.

Tras la conformación de los estados-nación, con un planteamiento ideológico contradictorio entre una pluralidad cultural frente a los intereses hegemónicos del grupo dominante, se fue conformando una sociedad que en base a unos supuestos intereses comunes, tuvo como fin homogeneizarlos.

“La práctica del asimilacionismo es muy antigua. Una muestra de ello son las políticas de homogeneización lingüística y cultural cuando no religiosa, de los países europeos en el periodo de formación de los estados-nación”. (SEMSI, 2003; 37)

Así la diversidad sociocultural, económico-productiva y político-administrativa de los grupos étnicos se disolvía poco a poco, generando una lucha constante por la reivindicación de la autonomía y autogestión de su dinámica sociocultural y productiva. (Véase Catalunya o País Vasco en el caso español)

Bajo este planteamiento ideológico de los estados modernos, se comenzaron a usar como nuevas técnicas de estrategia económica, el desarrollo y el codesarrollo. De esta forma el discurso dominante y occidentalizado del Estado, somete a los grupos subalternos a los esquemas “eurocentristas” de dominación.

La racionalidad de occidente no es la única forma de comprender el mundo, son muchas y distintas, un ejemplo alternativo al hegemónico es la ecología de los saberes, que trata de crear una nueva forma de relación entre el conocimiento científico y otras formas de conocimiento;

“Al darles voz a la resistencia contra el capitalismo global, tornan visibles las realidades sociales y culturales de las sociedades periféricas del sistema –mundo donde la creencia en la ciencia moderna es más tenue, donde las vinculaciones entre la ciencia moderna y los designios de la dominación colonial e imperial son más visibles, y donde otras formas de conocimiento no científico y no occidental persisten en las prácticas sociales de vastos sectores de la población” (De Sousa Santos, 2009; 117)

Desde un punto de vista occidentalocéntrico, la razón occidental es “superior”, por ello ha de extenderse como si del nuevo evangelio se tratase. Estas nuevas formas de colonialismo tienen su origen en la intención de controlar los flujos de migraciones en favor del capital, ya sea como mano de obra no cualificada o en la descentralización de empresas, y de otro lado la explotación de recursos naturales ajenos.

No fue casual el discurso sobre la era del desarrollo que aquel 20 de Enero de 1949 el presidente electo de los EE.UU lanzó al mundo. Lo que Truman estaba anunciando fue la era de la hegemonía norte-americana a la que más tarde se uniría Europa.

Así quien tiene el poder para marcar la diferencia, tiene el poder para definirse superior. De esta manera la identidad dominante se reproduce por la negación del “otro” y con la disputa por la identidad subalterna del “otro”, justificando mediante la identidad una forma de dominación y de producción del saber.

Para adentrarnos en cómo los países que se autodenominaron “desarrollados”, construyeron los “otros” como “subdesarrollados”, una categoría cerrada y uniforme, en primer lugar es necesario conocer como se articularon y articulan los flujos migratorios.
Europa ha sido lugar de partida y de llegada, en la historia moderna una partida provocada por la transición demográfica donde fueron muchos los europeos que cruzaron el charco a “hacer la América”, y tierra de llegada tras la revolución industrial con la demanda de mano de obra.

En los movimientos migratorios hay dos caras de una misma moneda, moneda que está en occidente y que tiene mucho que ver con los estereotipos que se tienen sobre el “perfil” de los migrantes y con la sociedad del riesgo que vivimos, donde las migraciones se construyen como una invasión desde los países denominados pobres a los países ricos.
Como señala Christophe Daum en “Fenómenos migratorios y desarrollo de los países de origen”, la migración está rodeada de estereotipos, ya que la mayor parte de los emigrados censados en el mundo se desplazan a un país del mismo continente y solo una pequeña parte se establece en Europa.

Esto se debe a que las migraciones lejanas son complejas, por la inversión económica que requieren junto a los dispositivos de cierre de fronteras que se les presenta. El cierre de fronteras como mecanismo de control se une al que se da en origen, ya que la sociedad de salida elige a la persona más idónea de la comunidad para emprender el viaje, que a diferencia de lo que se cree, suelen ser personas de clase media en sus países de origen, por lo que no es la pobreza ni la miseria lo que empuja a la emigración hacia Europa, sino una estrategia familiar de diversificación de ingresos.

Este discurso muy extendido en occidente de la invasión, olvida algo primordial, y es que los ciclos migratorios se dan debido al menos a una variable muy importante, la necesidad de mano de obra de países industrializados que comenzó en el periodo de la posguerra.

Son los “medios de comunicación” junto a quienes producen el conocimiento hegemónico bajo los intereses del poder, quienes se han encargado de mediatizar las migraciones como un problema, exagerando y agrandando este fenómeno, de tal manera que se funda una percepción negativa de la misma, cuanto menos bajo un alegato de regulación estricta, incluso desde los sectores más izquierdistas.

Estos factores descritos hacen que sea importante conocer la complejidad del flujo migratorio, particularmente, en un contexto de globalización;
“Las migraciones transoceánicas del siglo XX han dado paso a un proceso mucho más dinámico, en el que se comprenden las migraciones trasfronterizas, las internas, las transnacionales, las voluntarias y las forzadas, así como el tráfico de seres humanos” (Malgesini, 2010; 210)

Este espacio transnacional modifica las lógicas de las migraciones, que junto a la crisis económica mundial ponen en el candelero las relaciones entre autóctonos y alóctonos.
Así podremos entender la doble cara de la moneda de la que hablábamos anteriormente, mientras se nos muestra la inmigración como un problema que hay que regular, esas regulaciones se tornan más o menos restrictivas dependiendo de las necesidades económicas y sociales de occidente;
“En 2008, la Unión Europea planteaba que la inmigración es y seguirá siendo necesaria para el continente, aunque solo se deberá aceptar aquellas personas extracomunitarias que migren de forma regular” (Malgesini, 2010; 212)

Este discurso se adapta al contexto socioeconómico de crisis, donde el ciclo de la migración se encuentra actualmente en su fase de expulsión. A partir del mensaje de la necesidad que tiene la Unión Europea de esos flujos migratorios regulados, se puede vislumbrar que la regulación va desde las leyes a como son percibidos y tratados en los países receptores, y de manera implícita como tienen que comportarse.

Como bien sabemos, a lo largo de la historia las formas de gestionar la diversidad cultural por parte de los poderes públicos y de las elites dominantes, han sido muy distintas.

La tipología del estadounidense Gordon (1964) distingue tres modelos de organización etnocultural; asimilación, fusión y pluralismo, que si bien se iniciaron en EE.UU fueron adoptados por Europa.

El asimilacionismo a grandes rasgos se puede entender como las estrategias políticas de un país para que los grupos étnicos minoritarios realicen un cambio cultural en favor de una supuesta homogeneidad del país receptor. Así se enfrenta de nuevo a un “nosotros” y a un “ellos”, donde si “ellos” están dispuestos a convertirse en “nosotros”, obtendrán la recompensa de formar parte de la sociedad como plenos ciudadanos de derechos.

Sin embargo, al no tener en cuenta otros factores y sin entrar a hacer una crítica sobre la política misma, la asimilación es una falacia ya que incluso cuando estos grupos adoptan todos los patrones culturales del país receptor, tienen muchas probabilidades de seguir siendo discriminados por razón de color de piel, de origen, de acento,…

Estos procesos de exclusión de quien no asimila el modelo hegemónico se hace más patente en aquellos grupos étnicos que no forman parte de occidente, mayor discriminación cuando la variable clase y género lo atraviesa. Es fácil ver que la globalización, entendiendo esta como adoptar los cánones y formas de vida que el modelo defiende, excluye tanto en el Norte como en el Sur.

Como crítica al asimilacionismo surge el melting pot o fusión cultural que argumenta que una identidad cultural de un país, debe configurarse a partir de las contribuciones de todos los sectores en él representado o a él incorporado. Este modelo tal como fue pensado tenía sentido en países como EE.UU que fueron formados a partir de la colonización o emigración.

Aun así las críticas giran en torno a que no deja de ser una variante del asimilacionismo, ya que ambas culturas, tanto la receptora como la emisora ven alteradas sus patrones culturales originales. Además el objetivo o la consecuencia de este modelo igualmente es crear una sociedad homogénea.

Por último dentro del modelo de pluralismo cultural se sitúan tanto la interculturalidad como la multiculturalidad.

Fue en los años sesenta y setenta cuando surgió el termino multiculturalismo como respuesta anti-asimilacionista y como reacción a los procesos de uniformización de la globalización. En teoría defiende el derecho a la diferencia y la igualdad de oportunidades y trato, sin embargo algunos autores la tachan de una nueva ideología del postracismo en el capitalismo global postcolonial, que reivindica la mera coexistencia sin apostar por la convivencia y la interculturalidad, convirtiéndose así en un modelo que es esencialista y estático.

Las carencias encontradas en el multiculturalismo impulsó la aparición de la interculturalidad que contempla la convivencia de todas las formas culturales con los
conflictos propios de la interacción, siendo estos regulados. Bajo este modelo surge la figura del mediador cultural, una de las funciones de la antropología aplicada.

Debido a que interculturalidad es un término en formación y relativamente reciente, es complejo hacer un análisis que no sea precipitado, al ser un proyecto sociopolítico su éxito dependerá de cuales sean los objetivos reales y la forma en que se articule, de modo que esa interacción entre grupos étnicos se dé en un plano de igualdad.

Que se respete ese plano de igualdad parece una utopía en un contexto socioeconómico como el actual donde las políticas que siguen las “recomendaciones” de la UE, aunque con el beneplácito de la derecha más rancia, no hacen más que restringir derechos a los ciudadanos migrantes, donde el control policial se recrudece, la xenofobia se acrecienta, hasta tal punto que la represión tiene como objetivo la expulsión sino directa, indirecta.
Los poderes políticos deberán estar con los ojos muy abiertos ante la oleada de xenofobia que este tipo de políticas conllevan, porque como bien sabemos el nuevo racismo ya no necesita ese supuesto cientificismo, inexistente por otro lado. Esas antiguas formas de racismo están aun en el imaginario colectivo, pero estas nuevas surgen como un sistema social de dominación del grupo blanco occidental sobre pueblos no blancos con un tinte principalmente económico.

Tras una breve exposición sobre cómo se percibe y se gestiona la diversidad en occidente, como se trata a los “otros” en “casa”, pasamos a ver cómo se va a sus “casas” a seguir tratándolos como los “otros”.

Volvamos pues al término desarrollo ¿Qué se entiende por desarrollo? Una mente atrapada en el etnocentrismo tendería a definir el desarrollo dentro de unos parámetros muy concretos, ya sean económicos o tecnológicos. Pero aunque parezca obvio, no todos los grupos humanos entienden el desarrollo de la misma manera, y esto quienes se dedican a capitalizar el mundo, no lo tienen nada claro.

Las elites que gobiernan el planeta son quienes mediante el truco del desarrollo, bajo un falso discurso de que poseen los conocimientos superiores, arrancan los bienes de
producción de los pueblos y les imponen una forma de gestionarlo que a la larga crean dependencia y sufrimiento.

Sin embargo autores como Rodolfo Stavenhagen , defensor de los derechos humanos de los indígenas, conocen bien otras posibilidades. Fue él quien propuso como alternativa el etnodesarrollo, se trata de un desarrollo desde abajo hacia arriba, de la periferia a los centros, donde el grupo étnico es la unidad político-administrativa con autoridad sobre su propio territorio y capacidad de decisión en los ámbitos que constituyen su proyecto de desarrollo dentro de un proceso de creciente autonomía y autogestión.

Otro de los creadores de conocimiento del sur, Orlando Fals Borda vio en la participación social (IAP) la solución a la dominación y a las políticas de desarrollo, una metodología que se basaba en un modelo más simétrico, contra opresivo y sobre todo una expresión de activismo social. Se trata de dar la voz a aquellos/as que han sido amordazados/as, eliminando la figura del megáfono que media entre la voz y el mensaje final, es decir, la figura del/la mediador/a que debe tender a disolverse, una vez conseguido el objetivo primigenio; que los sin voz sean oídos. “La tarea principal para la IAP es aumentar no solo el poder de la gente común y corriente de las clases subordinadas, debidamente ilustradas, sino también su control sobre el proceso de producción de conocimientos, así como el almacenamiento y uso de ellos” (Fals Borda, 1980; 14) De esta manera propone una forma de romper con el poder hegemónico y el paternalismo y dependencia que traen consigo el modelo de desarrollo. En una línea parecida desde la Antropología Aplicada, Sol Tax propuso la “action anthropology” donde la producción de conocimiento de la disciplina sirviera para generar un impacto positivo en la vida de las personas que se está estudiando, en un proceso de acompañamiento donde son ellos quienes marcan el camino; “All over the world there are communities of people under pressure to change their ways. In anthropology this is often called the acculturation situation […] Cultures are always changing, of course, but they do not always change in the direction of another culture.” (Tax, 1957; 514)

Pero a los responsables de reproducir estas relaciones de dominación y subordinación no les interesa otras formas alternativas de entender el desarrollo, que bajo una supuesta participación, como señala Esteva (2000) se esconde una trampa manipuladora para involucrar a las gentes en luchas por obtener aquello que los poderosos le quieren imponer, precisamente lo que Fals Borda quería evitar. El desarrollo es así visto como una evolución unilineal donde el estadio ultimo se encuentra inmerso en el modo industrial de producción, donde se es civilizado en tanto que se da un alto nivel de producción. Este postcolonialismo expropia a los pueblos la posibilidad de autogestionarse y de autoreafirmarse como grupo identitario. Y no solo les expropia, además les hace culpables de su falta de desarrollo. Dentro de las lógicas capitalistas el desarrollo o la riqueza no podrían medirse como en Bután con la Felicidad Nacional Bruta (FNB), sino que se mide en parámetros únicamente económicos, la renta per cápita, dejando patente como dice Lewis (1955) que lo que interesa es el crecimiento y no la distribución. Naciones Unidas (1962) se apresuró a remarcar que además de crecimiento, el desarrollo implicaba un cambio social, siendo clave la mejora de la cualidad de vida. De esta manera no se contemplaba que el crecimiento rápido puede generar y genera desigualdades. De hecho, años después de que los programas de desarrollo fuesen implantados se constató que los objetivos no se cumplían y que no se había conseguido un progreso satisfactorio. Fue en los años ochenta cuando se dieron cuenta que es un error de libro intentar imponer un modelo cultural único en todo el planeta, periodo que fue denominado “la década perdida para el desarrollo”. Tras el fracaso ya en la década de los noventa se pretende el redesarrollo, que presenta distintos retos para el Norte y el Sur. Lo que se anuncia como un desarrollo sostenible puede esconder una estrategia para reproducir el desarrollo ya practicado.

El Homo economicus no se sacia fácilmente, y es difícil luchar contra él; “Hoy, el sentido común está tan inmerso en el estilo de pensar económico que ningún hecho cotidiano que lo contradiga parece suficiente para provocar una reflexión crítica sobre ese carácter atribuido a la realidad social” (Esteva, 2000; 90)

Un sistema que nos viene impuesto, que se presupone absoluto, que no admite ser cuestionado, donde grandes especuladores y mercados como si de entes abstractos se tratasen, anteponen el máximo beneficio económico a cualquier otro, no pueden regir
las normas para construir un mundo justo, ya que el principio de reciprocidad brilla por su ausencia; “La economía de mercado determina la cultura de toda la sociedad y de sus miembros no sólo porque en la organización de la producción y distribución de bienes “el móvil de la ganancia deba sustituir al de la subsistencia” […] “sino porque eleva dicho móvil “al rango de justificación de la acción y del comportamiento en la vida cotidiana”. (Polanyi, 2007; 81,66)

Así aquellos pueblos que aceptan “voluntariamente” las ayudas al desarrollo, quedan atrapados en un modelo que modifica sus vidas por completo.

Cerca del desarrollo se sitúa el codesarrollo, que surgió en Francia a finales del año 1997 y se expandió por el continente y más tarde a nivel internacional, como señala Daum. El termino codesarrollo fue acuñado por Sami Naïr, que lo definía como una propuesta para integrar inmigración y desarrollo de forma que ambos países, el de envío y el de acogida, puedan beneficiarse de los flujos migratorios. Como estrategia política consiste en disminuir las causas de emigración, en el control de los flujos migratorio y en la gestión de la ayuda al desarrollo. De esta manera los países receptores de migración firman acuerdos de cooperación con los países emisores, con el fin de adecuar las condiciones de vida para que las personas no emigren. De otro lado los países receptores refuerzan el control de sus fronteras y tratan de expulsar a los inmigrantes que se encuentran en situación irregular, ya sea mediante el retorno voluntario o la fuerza policial, para finalmente firmar acuerdos bilaterales para controlar esos flujos migratorios. Institucionalmente fue usado por primera vez en la cumbre de Tampere donde uno de los diez principios que se establecieron decía así “Gestión común de los flujos migratorios con un reforzamiento de los controles en las fronteras exteriores”, que años más tarde se dio en llamar “Fortaleza Europea” aplicando políticas de aislamiento frente a países terceros, todo ello bajo el control de lo que en 2002 se bautizó como Frontex, Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores de los Estados miembros de la Unión.

Son muchas las connotaciones que el termino codesarrollo puede plantear, Malgesini agrupa en tres planos las distintas formas en que puede materializarse. El primero es el codesarrollo espontaneo, donde podrían incluirse las remesas que son fruto de la interacción informal entre personas del país receptor y del país emisor. El segundo, el codesarrollo normativo que son las políticas, planes y programas, las normas de intervención en materia de desarrollo. La tercera es el codesarrollo comunitario que engloba las actividades que se organizan entre inmigrantes y asociaciones. Si bien es cierto que existen críticas a las desigualdades que generan las remesas, mi denuncia va en otro camino, hacia aquella que desde el Banco Mundial junto a los organismo que intervienen en el desarrollo intentan estructurar en base a esas remesas, es decir, la intención de gestionar el dinero ajeno; “El capital tanto humano como financiero del emigrante le pertenecen y por lo tanto es él el que debe decidir sobre su uso” (Garson, 2003)

La pretensión de occidente va más allá, ya no solo se afanan en exportar el modelo sino que también se toman la licencia de decirles cómo y en que tienen que gastar su dinero, por no hablar de la promoción de los microcréditos y el endeudamiento que conlleva a quienes lo aceptan. Por ello, las políticas de desarrollo son cada vez más cuestionadas; “La idea de desarrollo al parecer está perdiendo parte de su fuerza. Su incapacidad para cumplir promesas, junto con la resistencia que le oponen muchos movimientos sociales y muchas comunidades está debilitando su poderosa imagen…”(Escobar, 2007:23)

No estaría de más considerar que esa forma etnocéntrica de occidente de gestionar la diversidad tiende hacia una homogeneización cultural, se refuta pues la hipótesis de partida, la diversidad está en peligro de extinción. Es responsabilidad de todos entender y hacer entender que la forma de comprender el mundo no es únicamente la que la razón de occidente dicta, son muchas y distintas, y el foco debería centrarse hacia ese camino con la intención de construir alternativas más justas e igualitarias.

Bibliografía:

CALAVIA, Oscar. (2007) ¿Antropólogos, ONGs e indígena: antropología académica y antropología en acción en el ACRE (Brasil), en Calavia, Gimeno y Rodríguez (eds.) Neoliberalismo, ONGs y pueblos indígenas en América Latina. Madrid: Sepha.

CERNEA (1995) “El conocimiento de las ciencias sociales y las políticas y los proyectos de desarrollo”, en M. Cernea (coord.) Primero la gente. Variables sociológicas en el desarrollo rural. Fondo de cultura Económica: México.

DAUM, Christophe (2010) ¿Fenómeno migratorio y desarrollo de los países de origen?, en Migraciones y desarrollo. Coordinadora ¿ONG i altres Moviments Solidaris de Lleida, Centre de Cooperaciò per al Desenvolupament Rural. Lleida.DE SOUSA, Boaventura (2009) Una epistemología del sur. Siglo XXI editores: clacso, México.

ESCOBAR, Arturo: Antropología y desarrollo. http://www.unesco.org/issj/rics 154/escobarpa.html

ESTEVA, Gustavo (2000) Desarrollo, en Viola, A. (comp.) Antropología del desarrollo. Barcelona: Paidós.

FALS BORDA, Orlando (1980) ¿La ciencia y el pueblo: nuevas reflexiones?

FOUCAUL, Michael (2002) Vigilar y castigar. Siglo veintiuno editores, Argentina.

LEWIS, David (1999) “Revealing, widening, Deepening? A Review of the Existing and Potential Contribution of Anthropological Approaches to “Third-Sector” Research”, Human Organization, vol. 58.N.1 Págs: 72-81 xico.

MALGESINI, Graciela (2010) Conceptos, enfoques y herramientas del codesarrollo en un contexto de crisis. Lacomba y Falomir (coord.) De las migraciones como problema a las migraciones como oportunidad. Madrid: codesarrollo y movimientos migratorios. La catarata, págs.209-232

PORTES, Alejandro (2012) Sociología económica de las migraciones internacionales. Barcelona: Anthropos.

Servicio de Mediación Social e Intercultural (2003) El concepto de mediación intercultural en el SEMSI, Madrid: Ayto. de Madrid y UAM.

STÉPHANE HESSEL (2009) Hacia nuevas solidaridades. Diez diálogos sobre cooperación al desarrollo. Madrid: La Catarata

TAX, Sol (1957) 

http://www.jstor.org/discover/10.2307/2741627uid=3737952&uid=2&uid=4&sid=21103345479557

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Antropología del alma mía

Dicen que duele la incomprensión, porque aceptar sin más aunque sano, te separa de lo que  no entiendes.

¿Por qué? ¿que he hecho? ¿que hemos hecho? ¿que no hemos hecho? ¿que nos han hecho? ¿por qué no un hasta luego? Lo inesperado no siempre es bien recibido, porque nos muestra que todo es tremendamente aleatorio. Controlamos el pasado, en cierta medida el presente y queremos que el futuro sea cierto, que ya bastante jodido está el planeta como pa no tener tu negocio resuelto.

Desvincularse, un privilegio del pacto patriarcal. Del otro lado, del de abajo, la rumiación.

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Cuando la sinceridad desaparece, no hay relación humana que se sostenga. La desgana, la desidia, el mundo ya se encarga de romper cada cosa que se pretende diferente, y muchas veces lo consigue, sobretodo cuando el proyecto tiene una base que se tambalea, porque no somos conscientes de lo difícil que es hacerlo mejor, no somos conscientes de la energía y las ganas que hay que ponerle a la vida si se quiere transformar desde la contracultura las herramientas que nos han impuesto para ser y pensar. Y si algo escasea en la sociedad (pos)moderna, la líquida de Zigmun Bauman, es el tiempo y la calidad del tiempo. Elementos imprescindibles para pintar de color los grises que nos bañan.

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Que importante es la honestidad! Con nosotras y con el resto, si fluye desde que nos levantamos hasta que nos metemos en la cama preguntándonos si somos felices hoy, el camino se vuelve más fácil. El compromiso político cobra sentido.

Hagamos una huelga de vida, paremos de alimentar a la máquina que gira con nuestro movimiento, dejemos de ser productivas. Si logramos salir de la dinámica o tener la percepción de que hemos salido -simbólicamente-, ya le estamos sacando ventaja al gigante.Que el gigante no te robe el amor, que no te delimite que el amor no es amor porque no te dejó ponerlo en práctica, porque te encerró en su jaula. Abre la puerta!

¿Y si nunca aprendimos a amar? Entonces es amor a medias, es decir, un no-amor, como los no-lugares un ente vacío de autenticidad y de verdad, un producto de consumo. Así, las ganas se pierden por no saber caminar hacia alguna parte… No sabemos amar bien, estamos aprendiendo. El amor viene grande, viene liquido y gaseoso, los miedos son muchos, las crisis continuas, las miradas diversas… las ganas pocas. Está todo por hacer antes que amar. Hacer, hacer, hacer, y sentir menos o poco o nada. No pienses, sigue a la masa.

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Somos nosotras y nuestras circunstancias; estamos jodidas, felices, desesperadas, esperanzadas, hartas, perdemos el rumbo y odiamos el mundo. Bipolaridad. Nos odiamos a nosotras mismas por no ser lo que sea que hay que ser, eso que nos cuentan en los cuentos, en la casa, en el colegio y en los medios. También en los miedos…

Somos seres frágiles y vulnerables, nos perdemos en la gestión de nuestras emociones mirando a otros lugares que nos ofrezcan respuesta, sin tener en cuenta que el mundo que construimos a nuestro alrededor está cargado de lo que el resto espera de nosotras. Posponemos, nos posponemos mientras seguimos inmersas en un lugar del mundo que nos daña. Y así pasan los días, los meses, tocando fondo y subiendo, en un falso impulso que finalmente te lanza a las profundidades más desgarradoras del ser: el no ser.

Quien soy? que quiero? quien soy? que quiero? quien soy? que quiero? Empecemos por el que no quiero. Y no quiero nada que me recuerde lo que soy y no quiero ser. Rompamos con todo. Respira; soltar… Aceptar el mundo y cambiar tu microcosmos, lo otro,  lo grande, ya vendrá como efecto mariposa. Que siga girando…

Y ese momento de despertar, que puede verse como un punto de inflexión para aprender, duele tanto que una quiere invernar y desligarse de todo lo que supone un gasto de energía, eliminar cada mínimo esfuerzo que ralentice el nosce te ipsum, que si no estoy pa mi, no estoy pa nadie, por más interdependiente que sea mi yo. Y es que el mundo que nos han prestado duele y desencanta, quita fuerzas y esperanzas.

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Pero hay caminos que transitar, individuales y colectivos, pues somos sujetas constituidas y constituyentes, es decir, nos hacen porque nos enculturan pero también nos hacemos, tenemos agencia, capacidad de cambio, transformación y resistencia. Esta es nuestra venganza: rebeldía.

Podemos hacerlo tremendamente mal o tremendamente bien, pero es la forma en que sabemos hacerlo, entonces se acepta porque somos seres imperfectos. Aunque duela..

Toca mirar pa dentro y sentipensaractuar desde nuestra libertad. El proceso se antoja removedor, nada sencillo, pero urgente y cuestión de vida o muerte, o de vida en muerte. Ya está bien de andar muertas en vida.

Los ritmos y las formas son diversas, nuestro contexto nos facilita una mirada y un abordaje del mundo, pero todo los caminos llegan a casa, tu casa interior, la que todas estamos buscando, juntitas y revueltas. Caminar es el camino.

¿El dolor nos duele igual?

¿Que es el dolor?

Del lat. dolor, -ōris.

1. m. Sensación molesta y aflictiva de una parte del cuerpo por causa interior o exterior.

2. m. Sentimiento de pena y congoja.

La definición de la RAE no es muy representativa de como duele el dolor, será que el dolor también es cuestión de clase y de género, entre otros elementos que nos atraviesan. El dolor es pena y congoja, pero también puede ser vacío, incompresión, fracaso, rechazo, traición, es llanto que inunda o un sentir como se retuerce el alma.

Pero no es lo mismo dolor que sufrimiento, siguiendo a David Le Breton y su antropología del dolor, podemos entender que el dolor es físico mientras que el sufrimiento es moral, de tal manera que hay un dualismo cartesiano que separa cuerpo y mente. Pero el cuerpo es uno, somos un todo, por tanto el dolor te hace sufrir y sufrir te duele, están interrelacionados. Incluso el dolor que pudiera entenderse como algo únicamente físico tiene cultura (véase umbrales de dolor), por tanto lo entiendo indistintamente en este contexto.

El dolor implica necesariamente una relación del ser humano con su cuerpo, por tanto el dolor es cuerpo y como ya nos ha mostrado la antropología, la corporalidad es construida socialmente. Y es que como señala Mari Luz Esteban no hay un comportamiento natural en relación al cuerpo porque convertirse en individua social implica un determinado aprendizaje cultural.

El dolor es universal, lo compartimos con otros seres del planeta, sin embargo el sufrimiento es exclusivamente humano, se trata del los significados que le imprimimos a las situaciones y acontecimientos vitales. Hecho que las religiones han sabido explotar ofreciendo respuestas al sufrimiento humano.

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¿Como expulsar el dolor?

Sufrir te conecta con lo más precario de tu ser, con preguntas sin respuestas, con la incomprensión de aquello que debía ser y no fue, porque no hay mayor certeza que nada es cierto, que todo cambia, que nadie cumple.

El sufrimiento pide respuestas a un ¿por qué? y nadie responde, ¿por qué? si nadie me dijo que esto era así ¿por que? sin previo aviso ¿por que? … y ese por qué jamás tendrá una respuesta racional por más que busques alrededor o en el apoyo y contención de quienes son felices cuando tu no lo eres.

Duele, por múltiples causas, duele. No me refiero aquí al dolor que deviene de un ser físico que si se corta sangra o que si tropieza, cae y se parte una pierna, me refiero a un dolor que te viene dado, es un dolor impuesto por la cultura porque nos cuentan que hay cosas que tienen que doler cuando ocurren, porque la sociedad no empuja hacia un lugar que no logramos encontrar y eso merece un castigo que duela. Y hay un dolor del que difícilmente te escaparás y es el que provocan las relaciones humanas de una consigo misma y con el resto, y del resto con una misma.

Cada dolor es único, subjetivo y personal, y aunque es universal todavía no hay derecho humano que contemple su erradicación. Exijo que lo incluyan en la Constitución del mundo mundial, porque somos vulnerables e interdependientes, y como la biblia que rige el Capitalismo no entiende de personas sino de egos va sembrando a su paso un campo de dolor que es evitable.

El dolor además tiene color, olor y sabor, se te mete en las entrañas sin preguntar. ¿Como gestionar el dolor?  Se puede evitar, esconder, disfrazar e incluso amar, pero resulta que el dolor es sano cuando se acepta, sin prebendas ni resistencias. Tocas fondo, duele, tocas fondo, duele y cuando  dejes de tenerle miedo, lo aceptes y permitas que te muestre lo que vino a enseñar, cuando te conecte con lo más puro de tu ser, te transforma y sin decir adiós se va.

¿Te vas?

Como ser mujer, practicar deporte y no abandonar en el intento

En la enorme empresa de transformar las estructuras que sustentan la cultura patriarcal, y como un elemento central de los diferentes agentes de socialización; la familia, la escuela, los grupos de iguales y los medios de comunicación, encontramos una práctica que es transversal y que está atravesada por esta cultura que genera desigualdades de género: el deporte.

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La práctica físico-deportiva promueve el desarrollo de habilidades psicomotrices como la coordinación, la orientación espacio-temporal, el equilibrio, la estructuración del esquema corporal, el conocimiento y control del propio cuerpo, la fuerza y resistencia musculares, la resistencia cardiorespiratoria, la velocidad, la flexibilidad, agilidad, en definitiva la conexión con un cuerpo propio que puede accionar.

Ofrece la posibilidad de  incorporar la libertad de movimiento corporal,  y por tanto permite transitar del espacio privado doméstico -asignado históricamente a las mujeres- al público -negado históricamente a las mujeres- , promoviendo las relaciones personales y sociales. Podría decirse que la práctica físico-deportiva tiene enormes beneficios para la salud física y mental de las mujeres, que pueden encontrar en este cuerpo-acción una manera de reapropiarse de su propio cuerpo y de espacios que de otra forma no transitarían. En definitiva, es una práctica que fomenta el empoderamiento de las mujeres a través de la apropiación, uso y disfrute del cuerpo propio, pero que sin embargo  puede ser enormemente opresora si te dejas llevar por el marketing “mujer y deporte”. El empoderamiento por tanto debe ser entendido como la toma de conciencia de la opresión como grupo, de entender que poseemos habilidades, aptitudes y fortalezas para emanciparnos y desarrollarnos desde la autonomía y la libertad.

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Es bien sabido que históricamente en la cultura patriarcal las mujeres han encontrado (y encuentran) una serie de obstáculos en el deporte como consecuencia de los estereotipos de género, que han negado implícita o explícitamente en muchas ocasiones, el acceso de mujeres a determinados deportes, cuanto menos han sido invisibilizadas en los denominados deportes de alta competición. Además a nivel mediático[1], las mujeres deportistas son discriminadas, no aparecen y cuando les dan el “minuto de gloria” la noticia está cargada de estereotipos y sexismo[2]. Es como si sus medallas no tuviesen el mismo valor y solo interesa mostrarlas como un cuerpo-objeto que satisface la mirada del otro.

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Esto nos muestra el deporte femenino como algo secundario –reproduciendo el discurso esencialista que construye  a las mujeres como el segundo sexo-, y marca la misma jerarquía de poder entre hombres y mujeres que se dan en otras esferas, relegando a las mujeres a los márgenes del deporte.

Cuando hablamos de la exclusión de las mujeres en el deporte, además de la figura de la deportista también forma parte de esta exclusión las mujeres como entrenadoras, arbitras, juezas o responsables de equipos a nivel de dirección.

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El feminismo ha politizado esta discriminación hacia las mujeres en el deporte, hay diferentes estadísticas que son contundentes, por ejemplo en el número de mujeres que estudian ciencias del deporte, cuantas son docentes, cuantas se doctoran,  un número muy por debajo de las cifras masculinas y que bebe del desinterés que muestran las mujeres a cierta edad –adolescencia- que dejan de practicar deporte influenciadas por la cultura patriarcal que las expulsa, justo en esa parte del ciclo vital -14/15 años- cuando la socialización de género incita a las mujeres a ensalzar la feminidad.

El problema añadido en este sesgo de género viene cuando los cuerpos de las mujeres son sexualizados y “obligados” a encajar en una determinada estética que las lleva a enfermar, con trastornos de la alimentación feminizados como la anorexia o la bulimia, además del riesgo de sufrir abuso sexual, cosificación, acoso, etc.

Es importante señalar que el deporte permite construir un cuerpo-acción, una conexión con el propio cuerpo que puede ser muy saludable ya que permite sentir placer y disfrute con lo cual se conforma una identidad empoderada. Pero no es menos cierto que para que se de una transformación este cuerpo ha de ser colectivo y no individual.

Como señalan algunas autoras, el deporte genera placer y el placer les ha sido negado a las mujeres en nuestra cultura de influencia judeo-cristiana, por tanto hay una negación de autonomía y libre desarrollo del movimiento corporal (por ejemplo en los usos de los espacios). También es muy interesante cuestionar como a nivel motriz los cánones de belleza y estética limitan el propio movimiento[3] de las mujeres.

De tal manera que los ámbitos en que se permite a las mujeres hacer deporte se reducen con respecto a los varones, siguen reproduciendo el control de nuestros cuerpos[4] y está muy  ligado a la figura de la superwoman.

Por tanto, con lo mencionado anteriormente de forma somera sobre la cosificación y discriminación de género, se hace urgente reivindicar la eliminación de los estereotipos machistas en el deporte que limitan el acceso de las mujeres a la práctica físico-deportiva y que además pueden suponer un problema de salud pública en el sentido de que  son caldo de cultivo para un tipo concreto de patologías ligadas a la imagen.

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En contraposición a este fatalismo que ofrece el panorama actual, conociendo los beneficios en la salud y en el desarrollo psicomotriz de niñas/os, además de ser una forma de socialización que promueve valores como el respeto y compañerismo, el deporte es una herramienta tremendamente feminista para  fomentar la autonomía,  el vínculo sano con el propio cuerpo, un instrumento para el placer y el disfrute. Es importante que en los centros educativos, las niñas puedan romper con el cuerpo pasivo impuesto y desarrollen un cuerpo para la acción. Esto debe ser parte del currículo deportivo con perspectiva de género, de tal forma que se tome en serio la promoción de hábitos de higiene y salud, de esparcimiento a través de la práctica físico-deportiva.

La Educación Física debe convertirse en un espacio de promoción de la igualdad, que rompa con la masculinización del deporte asociado a valores de agresividad, competitividad y fuerza, para pasar a otro paradigma, el de la coeducación: igualdad, respeto, diversidad, compañerismo,etc.

La propuesta está ya teorizada, la educación pública deber promover la igualdad de oportunidades de niñas/os y adolescentes en el deporte. Y esta promoción desde el ámbito educativo[5] de la actividad física y deportiva en igualdad de oportunidades, debe luchar contra el “abandono” al que las niñas se ven forzadas cuando son expulsadas de ese espacio, es imprescindible la formación con enfoque de género a futuras/os profesionales del deporte y mayor inversión en investigación, unido a políticas de discriminación positiva para visibilizar la figura de las mujeres en el deporte profesional.

 

 

 

[1] Deporte y mujeres en los medios de comunicación: sugerencias y recomendaciones: http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/web-guia-mmcc-vp.pdf

[2] Machismo, medios y olimpiadas: http://www.eldiario.es/zonacritica/Juegos_Olimpicos-Mireia_Belmonte-barbijaputa_6_547055303.html

[3] Gran parte de la estética femenina hegemónica implica el uso de determinados accesorios que constriñen el cuerpo (tacones, ropa ajustada), unido a la diferente corporalidad en la que se nos ha socializado (cruce de piernas, ocupar el menor espacio posible, estar siempre a alerta etc.)

[4] Perfecta hasta en la sudoración o como ser modelo y corredora de running sin morir en el intento (Véase toda la industria en torno a la mujer y el deporte)

[5] PAFIC, Guía para la promoción de la actividad física en chicas

Usar y tirar: la socialización patriarcal de los mass media

Los medios de comunicación forman parte de los distintos agentes de socialización junto a la familia, la escuela o los grupos de iguales, de tal manera que debido a una cada vez mayor exposición a los mismos, se han convertido en un elemento central en la formación -y deformación- de la personalidad de  niñas/os y adolescente. Entonces cabe preguntarse, ¿Qué mensaje transmiten los medios de comunicación? Y ¿Cómo calan estos en niñas/os y adolescentes?

Televisión, publicidad, cine, revistas, videojuegos, redes sociales, transmiten contenidos que producen y reproducen la cultura patriarcal, donde la violencia, la cosificación  y la sexualización de los cuerpos femeninos tienen gran presencia. En pleno desarrollo cognitivo de niñas/os y adolescentes, estos mensajes que reproducen la desigualdad de género van calando profundamente en su imaginario construyendo creencias, actitudes, costumbres y prácticas en base a estereotipos y prejuicios que posicionan a las mujeres en un lugar de inferioridad.

En la era de la información y las tecnologías globalizadas  no hay filtros, todo tipo de contenidos son aceptados y tienen cabida, traspasando las fronteras a lo largo y ancho del mundo, con una gigantesca influencia en lo que señala Castells como el poder de la identidad, en este caso una identidad impuesta por los medios hegemónicos.

Desde un análisis feminista, encontraremos que en los mass media  el formato de mujer que se ofrece al mundo está  ligado a la mujer como cuerpo-objeto, su aspecto físico es su mayor valor y el resto es un añadido[1]. En los mass media las mujeres, independientemente de su ámbito profesional, son analizadas primero por su aspecto de tal forma que otros elementos de su persona quedan desacreditados si el primero no se cumple. Y de hecho, en base a los cánones exigidos difícilmente va a cumplir.

Vamos a hacer un breve repaso sobre cómo se manifiesta el sexismo en los diferentes formatos en los que se materializan los medios de comunicación. Por ejemplo, en los realities se fomenta la competición entre mujeres y habitualmente para obtener el beneplácito de un hombre, de tal manera que se presenta un arquetipo de mujer que vive por y para el otro y que hará cualquier cosa por conseguir el amor romántico[2] de otro. En la publicidad las mujeres son meros objetos de consumos que las deshumaniza  y expone como seres pasivas,  promoviendo así la cosificación de sus cuerpos y la cultura de la violación.  Venden un modelo de mujer perfecta que es construido por la industria de la moda hecha desde la visión de los hombres y para su satisfacción, además se trata de un modelo de belleza inalcanzable, ya que por más productos y operaciones a las que te sometas –cuando te han convencido de que son necesarios-, son tantos los requisitos estéticos a cumplir, que la felicidad  en términos de belleza es inalcanzable.

En las noticias, la lógica es la misma, pero en este caso no solo vale con ser una buena profesional sino que además de los méritos formativos se exige un aspecto físico exuberante, cosa que no ocurre con los presentadores masculinos que pueden moverse en un amplio rango de edad y en una diversidad de aspecto físico y estético. En la otra cara de las noticias y debates políticos nos encontramos con ausencia de mujeres analistas  o expertas en diversas materias, y suelen aparecer como espectadoras o para relatar situaciones más ligadas a lo emocional o a noticias trágicas.

En el cine, las mujeres son seres pasivos cuyo destino es esperar al ya conocido príncipe azul que en realidad no es otro que el macho violento, de tal manera que las mujeres en el cine además de cumplir con los cánones ideales de belleza y ser en su mayoría blancas, heterosexuales, jóvenes[3], con las capacidades normativas,  siempre buscan el amor o son espectadoras de la acción del hombre. En Disney el modelo no cambia, y esto visibiliza de un lado el adultocentrismo que impregna el cine infantil[4] y de otro el princesismo, ambos con una enorme influencia en la (hiper)sexualización[5] de las niñas y adolescentes. El cine va muy en la línea del discurso del dimorfismo sexual; ellas son de venus y ellos de marte, abriendo la brecha de género y mostrando lo aprendido como algo biológico y categorizando a mujeres como complejas y difíciles de entender. De hecho resulta tremendamente difícil encontrar cine que cumpla con el test de Bechdel[6], lo que indica que un alto porcentaje de las películas que nos ofrece la industria filmográfica reproduce la cultura patriarcal.

Es vasto el universo de los medios de comunicación y aquí solo se señalan algunos de los aspectos más evidentes del sexismo que lo baña, el justo para mostrar que los medios han ocupado un importante puesto en la socialización, y que teniendo en cuenta que el  desarrollo cognitivo/madurativo se da hasta 18-24 años[7], la exposición a mensajes nocivos es altísima y en una temporalidad muy larga. Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que capitalismo y patriarcado hacen una alianza perfecta en la construcción del cuerpo de las mujeres como objeto de consumo, un producto de venta en sí mismo y que ofrece toda una gama de productos accesorios para conseguir el ideal de belleza inalcanzable, ese mismo ideal de belleza responsable de “patologías” feminizadas consecuencia de la autocosificación[8] y que desencadenan en trastornos de la alimentación, depresión, intentos autolíticos, autolesiones, suicidios, etc.

Con todo esto, se hace necesario practicar como señala Valcarcel el feminismo como filosofía de la sospecha tomando conciencia sobre como el patriarcado capitalista se apropia de parte del discurso feminista con la intención de reproducir la subordinación de las mujeres y lucrarse de ello. Por tanto es muy útil cuestionar la lógica que sostiene que el culto al cuerpo empodera, porque no es cierto que empodere per se, más bien depende de si es impuesto o elegido. Entonces si acordamos que la libertad de elección para las mujeres en la cultura patriarcal es una falacia, el culto al cuerpo y cosificación de las mujeres solo puede ser visto como una forma de alienación y control para mantener a las mujeres “ocupadas” sin cuestionar la opresión.

Los medios de comunicación son un agente socializador tremendamente importante en el desarrollo de la personalidad, y pueden sostener o transformar un discurso que valida la injusticia y la desigualdad, y la realidad es que sostiene y justifica la violencia hacia las mujeres y  esto es avalado  por el estado y la sociedad en su conjunto. Como guiño crítico al documental, en lugar de cerrar el escrito con “Se el cambio que quieres ver en el  mundo”, del misógino Ghandi[9], como un grito de auxilio para la toma de conciencia sobre la necesidad urgente de ofrecer a las niñas/os y adolescentes otros modelos de ser y relacionarse, diría; La revolución será feminista o no será!

[1] El añadido podemos  entenderlo como todas las parcelas que tiene que completar una mujer para encajar en la figura de la superwoman; buena madre, perfecta mujer, excelente trabajadora y siempre sonriente y feliz. No es casual que las mujeres sean sobremedicadas, tengan una mayor prevalencia en el consumo de fármacos antidepresivos, mayores diagnósticos de trastornos de ansiedad y depresión generalizada, etc (véase enfoque de género en salud)

[2] Un tipo de amor que hunde sus raíces en la jerarquía  ♂ ♀ basada en celos, la media naranja, el amor eterno y otros elementos que somete a las mujeres a relaciones tóxicas y violentas. (Véase Coral Herrera)

[3] El impacto que tiene el mito de la eterna juventud en mujeres adultas, además de las  psicológicas, es que las convierte en mujeres de usar  y tirar cuando no son “productivas” en términos de belleza.

[4] Cabe señalar la inexistencia de filtros horarios en la parrilla televisiva y como ni siquiera en las televisiones públicas los estados toman parte en esta vulneración de derechos de niñas/os.

[5] La hipersexualización es un primer paso para la cultura de la violación y se basa en la lógica que justifica la prostitución como una actividad empoderante en base al mito de la libertad individual de elección.

[6] Una película pasa el Test de Bechdel-Wallace si cumple que 1) hay al menos dos mujeres en ella que 2) en algún momento hablan entre sí 3) acerca de algo que no es un hombre. Se cree que aproximadamente el 40 % de las películas actuales falla en el Test.

[7] Las niñas a la edad de 6 años subestiman sus capacidades  “At age 5, children seemed not to differentiate between boys and girls in expectations of “really, really smart”—childhood’s version of adult brilliance. But by age 6, girls were prepared to lump more boys into the “really, really smart” category and to steer themselves away from games intended for the “really, really smart.” http://science.sciencemag.org/content/355/6323/389.full

[8] Tiene consecuencias devastadoras sobre las mujeres, pues estas están en un continua alerta de autochequeo y autocrítica que  mina la autoestima y por tanto su salud mental.

[9] Durante sus años en Sudáfrica, una de las medidas en represalia por la agresión sexual de un joven a dos de sus seguidoras fue cortar el pelo corto a estas últimas para así evitar nuevas “invitaciones” de corte sexual. Michael Connellan, en un artículo en The Guardian explica cómo Gandhi opinaba que las mujeres abandonaban su humanidad en el momento en que sufrían violación a manos de un hombre. Creía fque los hombres no eran capaces de frenar su impulso depredador básico y que las mujeres eran las responsables de estos impulsos, quedando a su merced. Su visión de la sexualidad femenina era deplorable. Según Rita Banerji en su libro Sex and Power, Gandhi consideraba la menstruación como la “manifestación de la deformación del alma de la mujer por su propia sexualidad”. También consideraba el uso de anticonceptivos como una llamada a la prostitución.

Amarse a si misma para amar a otrxs: el amor no es lo que nos contaron.

A las mujeres nos enseñan desde bien pequeñitas a esperar al príncipe azul, sin contarnos además que detrás de la mascara de príncipe, está el macho violento.

A las mujeres no cuentan que nuestra vida tiene sentido si es al lado de un hombre, que nos complementará, porque somos seres incompletos.

A las mujeres nos dicen que la felicidad está en saber esperar el tiempo suficiente y tener la suficiente paciencia para encontrar el amor eterno. Por supuesto en la pasividad, es decir, siendo elegidas más que eligiendo.

De todo lo falaz que nos cuentan, sin decirnos que son eso, cuentos, nos aseguran que tenemos el poder de cambiar al otro, y esta, es una de las claves para mantenernos en una relación tóxica/violenta/infeliz, la idea de que el otro va a ser algún día aquello que nos contaron que iba a ser, a base de nuestro esfuerzo en cambiarlo, y sobretodo de aguantarlo mientras llega la esperada transformación. Y así, se nos va la vida…

Lo que no nos cuentan es que cabe la posibilidad de amar “pa dentro”, es decir, de mirarnos como seres completas. Tampoco nos cuentan que ese amarnos es un condición  sine qua non para amar a otres. Que si queremos perseguir la ansiada felicidad, nuestros cuerpos, nuestras vidas necesitan ser pensados como “seres para sí mismas”.

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Sin embargo en todos los espacios de socialización por los que transitamos desde que nos marcan cual ganado con los pendientes, nos refuerzan la idea de amor romántico, del “ser para el otro”, además del respectivo pack de mitos que trae de regalo; el de la media naranja, el del poder redentor del amor porque como bien sabemos “el amor todo lo puede” -¿o no?-, el del control , la posesión y la celopatía.

Pero llega el mágico momento en que nos damos cuenta que ni podemos, ni debemos cambiar al otro, que si bien somos seres flexibles con capacidad para llegar a consensos y acuerdos relacionales, hay aspectos de nuestra personalidad/cultura que tenemos tan adentro, tan encarnados, que nos acompañan(ran) como una sombra/luz a lo largo de nuestra existencia. Vamos, que estaría muy bien saber decir hasta luego, que ni tu vas a dejar de tirar los calzoncillos al suelo ni yo los voy a recoger más.

Asumir este aspecto tan obvio pero tan relevante a la vez como es el de “una retirada a tiempo es una victoria”, es un punto de inflexión necesario para que empecemos a relacionarnos desde la horizontalidad (en la cama también), y desde la honestidad.

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Hay algunas señales -no sabemos si de humo- que muestran en determinados contextos, que estamos tomando conciencia del tipo de amor que estamos practicando, de lo desigual, dependiente y sometedor que es, y en muchos espacios se están gestando otras formas de amar. El amor libre de toda la vida, quien sabe si resignificado en la moda del poliamor o el anarquismo relacional, pero que permite pensar y materializar otras prácticas amatorias que rompen con las categorías establecidas tomando formas diversas; unas veces sexuales, otras afectivas, afectivo-sexuales, intelectuales, de cuidados,…

Moda o no, lo cierto es que hay un interesante cuestionamiento que abre una brecha para imaginar otras formas de relación que rompan con la heteronormatividad monogámica impuesta.

Como es costumbre en el feminismo, toca repensar el amor, el poliamor, teniendo presente que hecha la ley hecha la trampa, que las mujeres partimos de una posición históricamente desventajada y que el patriarcado se nos sale por las venas. Así que quizás es momento de darnos el tiempo para amarnos a nosotras mismas…

Feminismo andaluz en vena

Aquí van nuestras subjetividades, las de ser mujeres en una tierra; Andalucía -tierra oprimida, colonizada y ridiculizada a partes iguales- tierra con unas particularidades históricas y culturales que son dignas de ser mencionadas, relevadas y politizadas.

Raíces, orígenes, idiosincrasia en definitiva que no pueden arrebatarnos, que la reivindicamos a ritmo de un acento que se escapa de la norma, de lo normativo que nos encorseta y nos estereotipa.

Mujeres y personas no heteronormadas que vivimos una violencia concreta por ser andaluzas, obreras, migrantes, pobres, gordas, flojas, invisibilizadas, etc

Rescatemos esa parte de la historia, ese “cachito” de nuestra cultura que nuestras ancestras construyeron y que quedó invisible, recuperemos los relatos de nuestras “otras”.

Gritemos con peinetas y a lo loco: que si la revolución no es feminista y flamenca no es mía ni na

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Proyecto  “Como vaya yo y lo encuentre”, socializado desde la web  https://feminismoandaluz.wordpress.com/manifiesto-como-vaya-yo-y-lo-encuentre/

#EducaUnMachitroll

 

 

Feminismo y tecnologías

Las mujeres feministas que somos activas en las redes, que pertenecemos a colectivas que defienden los derechos humanos de las mujeres, corremos el riesgo en la realidad virtual -como ya ocurría y ocurre en la “real” – de ser agredidas y violentadas por el machismo, que en las redes se manifiesta de diversas maneras.

Así, es facil encontrar a este nuevo espécimen, el machista 2.0 o machitroll, que se vale del anónimato y la “seguridad” que proporcionan las tecnologías para seguir reproduciendo el patriarcado sin ningún tipo de reparos, con todo tipo de insultos, amenazas y acoso.

¿Cual es la línea delgada que separa lo vitual de lo “real”?

Son muchas las compañeras feministas ciberactivistas que han recibido amenazas por expresar su opinión o por hablar de algo tan obvio como la opresión de las mujeres en este modelo heteropatriarcal capitalista, teniendo que generar estrategias de protección por amenazas de muerte o violación, e incluso abandonando el espacio virtual por la obsesión de estos agresores 2.0.

¿Como nos enfrentamos y/o resistimos a este nuevo machismo?

El humor, es una herramienta maravillosa que nos permite seguir combatiendo este sistema opresor, al mismo tiempo que nos ayuda a reinventarnos y a construir nuevas formas de autodefensa feminista.

 

 

Sororidad y Rebeldía!

Curso “Elaboración y difusión de piezas creativas”. Pikara Magazine – Asad (Asociación solidaridad Andaluza de desarrollo)

Vikinga Fem, MiCuerpo MiDecisión.

Vikinga Fem es un proyecto personal fruto de la reflexión colectiva de mujeres que luchamos por que nuestras voces sean oídas y nuestros derechos puedan ser ejercidos.

A través de lo que se ha dado en llamar artivismo, esto es la unión de arte y activismo, portamos en nuestro cuerpo un diseño que es personal pero que a la vez es político. Portamos nuestro útero, que nos pertenece, al que estamos conectadas y sobre el que decidimos.

Bolsas: $6.500
Poleras: $6.500
Calzones: $7.000

*Un 10% del beneficio de este producto va destinado a la colectiva Nosotras Decidimos que realiza una tremenda labor de acompañamiento, difusión y visibilización, luchando por un aborto seguro, autónomo, libre y gratuito.
https://www.facebook.com/NosotrasDecidimosValparaiso

 

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#InfinitasCausales

Que el patriarcado nos oprime a las mujeres es más que sabido, que el capitalismo es su aliado perfecto también y que la heteronorma nos constriñe resulta obvio.

Si a esta mezcla depredadora que contempla capitalismo-patriarcado-heteronorma, le sumamos religión, tenemos el paraguas perfecto bajo el que se ampara el control y disciplinamiento de los cuerpos femeninos.

Esta estructura sustenta relaciones de poder asimétricas, que nos posicionan a las mujeres y nuestros cuerpos, como susceptibles de ser controlados, oprimidos, subordinados, cosificados, domesticados, violados.


Es por esto que hablar de aborto en Chile hoy, es hablar de violencia machista, de negación de la libre decisión de las mujeres sobre nuestros propios cuerpos. Es hablar de debates cargados de misoginia, de falta de rigurosidad y de moral religiosa. Pero el derecho a decidir no es un tema moral, es un tema político y somos nosotras quienes debemos definir desde la autonomía, la vida que merece la pena ser vivida.
Resulta alarmante el hecho de que se nos nieguen a las mujeres la libre decisión, ya que el cuerpo es el contenedor que habitamos, somos cuerpo y a través de él nos contactamos con el mundo. Parafraseando a Pedro Lemebel; Si no eres dueña de tu cuerpo, mujer ¿De que mierda eres dueña?


Rechazamos de manera tajante todos los debates que giran en torno a la concesión de derechos insuficientes, porque las mujeres tenemos ‪#‎InfinitasCausalesparaAbortar‬;


Abortamos porque el feto es inviable.
Abortamos porque nuestra vida está en riesgo.
Abortamos porque no queremos engendrar una criatura fruto de una violación.
Abortamos porque consideramos que somos muy jóvenes para ser madre.
Abortamos porque consideramos que somos muy mayores para ser madres
Abortamos porque entendemos que nuestra situación socioeconómica no lo permite
Abortamos porque nos fallaron los métodos anticonceptivos
Abortamos porque no está dentro de nuestros planes la maternidad obligatoria
Abortamos porque ser madre no es nuestra prioridad, y por muchas razones más!


Abortamos como un acto político liberador, un acto de subversión al sistema patriarcal, porque nuestro cuerpo es un territorio político en disputa que no vamos a permitir que sea transgredido.


Portamos nuestro útero, que nos pertenece, al que estamos conectadas, sobre el que decidimos y seguiremos decidiendo. Ancestralmente hemos abortado, abortamos y seguiremos abortando CON o SIN su permiso, desde la sororidad y el acompañamiento entre mujeres.

Caminata del Silencio 25 de Marzo de 2016.
Fotos: Angela Mª Tobón C.